El nacimiento de Cifar







Hay una isla en el playón,

pequeña

como la mano de un dios indígena.


Ofrece frutas rojas

a los pájaros

y al náufrago

la dulce sombra de un árbol.


Allí nació Cifar, el navegante,

cuando a su madre

se le llegó su fecha, solitaria

remando a Zapatera.


Metió el bote en el remanso

mientras giraban en las aguas

tiburones y sábalos

atraídos por la sangre.



Pablo Antonio Cuadra







playa

playa
los poemas marinos acelerarán la llegada del verano

domingo, 28 de noviembre de 2010

viaje al país de los houyhnhnms

Capítulo 4



Me oyó mi amo con grandes muestras de inquietud en el semblante, pues dudar o no creer son cosas tan poco conocidas que los habitantes no saben cómo conducirse en tales circunstancias. Y recuerdo que en frecuentes conversaciones que tuve con mi amo respecto de la naturaleza humana en otras partes del mundo, como se me ofreciese hablar de la mentira y el falso testimonio, no comprendió sino con gran dificultad lo que quería decirle, aunque fuera de esto mostraba grandísima agudeza de juicio. Me argüía que si el uso de la palabra tenía como fin hacer que nos comprendiéramos unos a otros, este fin fracasaba desde el instante en que alguno decía la cosa que no era; porque entonces ya no podía decir que nadie le comprendiese, y estaba tanto más lejos de estar informado, cuanto que le dejaba peor que en la ignorancia, ya que le llevaba a creer que una cosa era negra cuando era blanca, o larga cuando era corta. Éstas eran todas las nociones que tenía acerca de la facultad de mentir, tan perfectamente bien comprendida y tan universalmente practicada entre los humanos.


Pero dejemos esta digresión. Cuando aseguré a mi amo que los yahoos eran los únicos animales dominadores de mi país –lo que declaró que iba más allá de su comprensión-, quiso saber si había houyhnhnms entre nosotros y a qué se dedicaban. Díjele que los teníamos en gran número y que en verano pacían en los campos y en invierno se los mantenía con heno y avena, encerrados en casas donde sirvientes yahoos se dedicaban a lustrarles la piel, peinarles las crines, limpiarles las patas, darles comida y hacerles la cama.


“Te comprendo perfectamente –dijo mi amo-, y de todo lo que has hablado se desprende con toda claridad que cualquiera sea el grado de razón que los yahoos se atribuyen, los houyhnhnms son vuestros amos. Bien quisiera yo que nuestros yahoos fuesen tan tratables.”


Rogué a su señoría que se dignase excusarme de continuar, porque estaba cierto de que los informes que esperaba de mí habían de serle sumamente desagradables. Pero él insistió en exigirme que le enterase de todo, lo bueno y lo malo, y yo le dije que sería obedecido. Reconocí que nuestros houyhnhnms, que nosotros llamábamos caballos, eran los más generosos y bellos animales que teníamos, y que se distinguían por su fuerza y su ligereza ……….








domingo, 21 de noviembre de 2010

la chascona

En marzo de 1945, Neruda es elegido Senador de la República por la zona norte del país. Luego, en los inicios de 1948, el gobierno inicia una persecución contra los comunistas declarándolos fuera de la ley. El poeta permanece clandestino en Chile durante más de un año, cambiando de domicilios continuamente, en compañía de Delia del Carril, hasta que cruza la Cordillera de los Andes hacia Argentina, a caballo, reapareciendo en abril en París, en medio del Congreso de la Paz de 1949, cuando el gobierno chileno decía que estaba a días de dar caza al prófugo. Es el momento en que la figura de Neruda tomará un relieve internacional. Ese mismo año viaja a México, donde publica Canto general en la edición ilustrada por Siqueiros y Diego Rivera. Allí reencuentra a Matilde Urrutia, con quién había tenido un fugaz romance años antes en Santiago. Este amor clandestino continuará en Europa, donde ocurre esa ya mítica estadía en Capri, y seguirá cuando vuelve a Chile en agosto del año 1952 . Neruda comprará entonces una pequeña casa en los faldeos del cerro San Cristóbal, en el barrio Bellavista, un barrio cercano al centro de la ciudad, pero separado por el río Mapocho, barrio que siempre mantuvo una identidad de pueblo aparte, especialmente tranquilo, lugar de talleres de artistas y con un halo bohemio –hoy es eso, pero en el modo atractivo turístico– y muy lejos del que era su domicilio oficial, la casa de Michoacán. Neruda bautizó esta nueva casa como La Chascona –palabra quechua que significa “pelo desordenado” o “despeinada”, de uso común en Chile– uno de los apodos con que el poeta se refería a Matilde.

Era un terreno en pendiente, de unos trescientos cincuenta metros, por donde atravesaba un pequeño canal. El ruido del agua fue uno de los motivos para elegir ese sitio. En 1953 Neruda le pide a su amigo arquitecto, Germán Rodríguez Arias, los planos para una casa. Los planos fueron discutidos largamente, se dieron varias vueltas a la propuesta, y finalmente Neruda lo cambió por completo, giró la ubicación, significando menos luz y muchas escaleras, justamente lo que él quería. Pero se trataba, al comienzo, de una pequeña vivienda de 100 metros cuadrados, así y todo, durante la construcción fueron muchos más los cambios, y los muros se transformaron en ventanales.

En febrero de 1955 Pablo Neruda se separa de Delia del Carril, y llega a vivir a La Chascona, donde ya se había instalado Matilde desde hacía aproximadamente un año. Comenzaron las ampliaciones, y la compra de un terreno aledaño. Entonces, hacia 1958, la casa es tal como la conocemos ahora, tres grandes volúmenes separados, en pendiente, unidos en el espacio exterior por escaleras y terrazas, todo en formas irregulares, distintas alturas y materialidades, actuando la vegetación como un elemento unificador. Difícil hablar de una lógica, de una preocupación por el vivir cotidiano, si pensamos, por ejemplo, que el salón está a muchas escaleras y terrazas del comedor.

A la muerte de Neruda, esta casa sufrió un ataque de vandalismo por parte de las fuerzas militares, la casa fue inundada por su propio canal, y a pesar de ese estado, y por dejar un testimonio de estos hechos, en ella se realizó el velatorio, y desde allí salió el cortejo hacia el cementerio. Acto que se constituirá en la primera manifestación pública de repudio al golpe militar.El amor entre Pablo y Matilde, anotado en tantos poemas del poeta, iniciados en Los versos del Capitán, queda de manifiesto en esta casa de manera concreta en las rejas de las ventanas en que se entrelazan las letras P y M.

El recorrido por esta casa de extraña contextura se inicia por el bar continuo al comedor, donde comienzan a asomar las colecciones de pintura, más que nada bodegones antiguos, y algunos cuadros representativos de artistas chilenos, muchos de los cuales trabajaron con él ilustrando sus poemas. El bar pertenecía a un antiguo barco francés, cuya cubierta es de peltre; el comedor, una mesa angosta y larga en una sala con un techo de barco que termina en una pequeña puerta, casi secreta, que da acceso a una escalera de caracol, muy estrecha, que lleva a un dormitorio. En otro de los espacios de la casa está el salón, donde está el famoso cuadro que Diego Rivera pintara de Matilde en que escondido en su pelo está el perfil de Neruda, cuadro pintado en un viaje a Chile de Rivera en 1953, y dos obras de Fernand Leger, quién también realizó ilustraciones para la edición francesa de Canto general. Sobre el salón está el dormitorio de Pablo y Matilde. Luego de subir escaleras y pendientes, antes del tercer volumen se encuentra otro bar que está repleto de figuras pintorescas, colecciones diversas, zapatos gigantes, todo puesto a modo de entretención y juego. Y luego la biblioteca y el escritorio, donde se pueden revisar las condecoraciones y premios recibidos por Neruda, incluyendo, desde luego, la medalla del Premio Nobel. Repartidos por la casa, se encuentra una colección curiosa que apasionó a Neruda. Son objetos de diversa índole: bandejas de distintos tamaños, mesas, cubos, biombos, paragüeros, platos, copas e individuales para mesas, todos con el sello de la original creatividad del diseñador Piero Fornasetti, que hicieron furor a mediados de los años cincuenta. Hay además, algunos objetos que corresponden a artesanía típica chilena, especialmente figuras en greda negra de Quinchamalí, que por los tiempos en que Neruda las compró y atesoró, no eran en absoluto valoradas, e impensadas como objetos de decoración. Este aporte de Neruda en cuanto al rescate de lo chileno, que está tan presente en su poesía como en el detalle señalado –del que hay muchos otros ejemplos valiosos– constituye parte importante de lo que la persona de Neruda ha devenido en el imaginario nacional, algo que se podría explicar como el agradecimiento implícito hacia quién ha jerarquizado y puesto en valor aquello que correspondía a lo más popular y humilde, y por ello, relegado, dejado fuera del buen gusto establecido y aceptado como tal.




domingo, 14 de noviembre de 2010

01. Sade - By Your Side

la sebastiana

"Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos, ojala invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente, pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata. ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?” Escribe Neruda a una amiga en el año 1959. Y todas esas exigencias eran cumplidas a cabalidad por una empinada construcción en el cerro Bellavista, a medio terminar, heredada, por una familia que no sabía que hacer con ella, de don Sebastián Collado, un constructor español que había pensado pasar sus últimos años en ella, pero la muerte llegó antes. Entonces, Neruda se enamoró de la casa y la compró. Eran cuatro pisos, los dos primeros los adquirió un matrimonio amigo de los Neruda, Francisco Velasco y María Martner, una artista original que realizó la magnífica chimenea de piedras de Isla Negra, Neruda le encargó muchos trabajos para sus casas pues admiraba a esta artista de la piedra que realizó el mural que se encuentra en la subida de la escalera del primer piso de La Sebastiana, basado en un mapa de la Patagonia que tenía el poeta.

La casa fue inaugurada el 18 de septiembre –día de fiestas patrias en Chile– de 1961, con una gran fiesta, “Siempre quisimos tener un punto nuestro en el Puerto, en donde estuviéramos rodeados por el sortilegio de Valparaíso. Por fin aquí, gracias a cada uno de Uds. y a nuestra insondable locura ha nacido hoy La Sebastiana. Los acogeremos en este primer día abriendo de par en par las puertas para Uds. y para siempre. Matilde y Pablo Neruda.” –decía la invitación.

Cuatro pisos, al que Neruda agregó un altillo sin poder contener su afán de constructor. Aunque al comprarla en obra gruesa las formas no le pertenecen al poeta, en su interior hay señales elocuentes de su gusto, de su impenitente búsqueda de una ornamentación personal. A medida que se sube por las estrechas escaleras, el mar va adquiriendo más y más presencia, ofreciendo una espléndida vista a la bahía y a la costa que se pierde hacia el norte y manteniendo siempre otra mirada hacia los cerros poblados del puerto.

Esta casa estrecha, está llena de rincones interesantes, de objetos y cuadros de la infinita colección nerudiana, un retrato de su admirado Lord Cochrane, colecciones de platos con globos aerostáticos, muchos mapas, antiguas marinas, vitrales, un pájaro embalsamado traído de Venezuela, una espléndida sopera italiana con la forma de una vaca, que se usaba para los ponches, un cuadro que es a su vez caja de música y reloj, y paredes pintadas en rosados, azules, amarillos, verdes, solferinos. Y además de los grandes ventanales, claraboyas de barco que miran hacia tierra.

Esta casa, restaurada como el poeta la mantenía, fue abierta al público el 1 de enero de 1992.

Frases frases de amor