" ... cayó la mortaja hecha noche; la luna apenas si puede con su linterna sobre la bruma. Es la hora en que los sueños salen a caminar por los muelles... Él respira y construye el espejo de nuestras miserias y nuestras grandezas, aquellas que dejamos de lado cuando debemos enfrentar su furia; así y todo, nos ha sido dada la forma adecuada para saludarlo como un fruto de la memoria..." Fragmento de papel hallado en una botella, luego de la tempestad. Sergio Pravaz
El nacimiento de Cifar
Hay una isla en el playón,
pequeña
como la mano de un dios indígena.
Ofrece frutas rojas
a los pájaros
y al náufrago
la dulce sombra de un árbol.
Allí nació Cifar, el navegante,
cuando a su madre
se le llegó su fecha, solitaria
remando a Zapatera.
Metió el bote en el remanso
mientras giraban en las aguas
tiburones y sábalos
atraídos por la sangre.
Pablo Antonio Cuadra
playa
los poemas marinos acelerarán la llegada del verano
viernes, 1 de abril de 2011
JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD
Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.
Jorge Luis Borges, 1985
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