El nacimiento de Cifar







Hay una isla en el playón,

pequeña

como la mano de un dios indígena.


Ofrece frutas rojas

a los pájaros

y al náufrago

la dulce sombra de un árbol.


Allí nació Cifar, el navegante,

cuando a su madre

se le llegó su fecha, solitaria

remando a Zapatera.


Metió el bote en el remanso

mientras giraban en las aguas

tiburones y sábalos

atraídos por la sangre.



Pablo Antonio Cuadra







playa

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los poemas marinos acelerarán la llegada del verano

lunes, 21 de marzo de 2011

después - julia de burgos





Después

Cuando todo despierte, lo anunciarán los lirios,
que no supieron nunca vestirse sin mis albas;
lo arroparán, muriéndose, unas nubes ligeras,
y el mar me tendrá toda por siempre entre sus lágrimas.

La soledad del viento llenará los silencios...
Y vendrá la pregunta, la inevitable lanza
que hará sangrar lo único que existira de mí:
un recuerdo en la inmensa vibración de unas alas.

Y habrá quien se adelante a la espiga y la fuente
y enlutará mi nombre, y dirá unas palabras:
y hasta habrá quien me tire unas flores al mar,
como breve limosna a una vida que pasa.

Después, cuando se encrespe el mar violentamente,
dirán: “Es la conciencia fatal de esa muchacha,
tuvo muchos pecados por vivir siempre en verso,
y lo que se hace en tierra en la tierra se paga.”

Y yo, en un descuido de mis pobres hermanos,
me llevaré hasta el nombre de esta tierra sin alma;
que no quiero en mi manso retiro, recordarme
por el mundo del hombre, ¡paloma consternada!

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