" ... cayó la mortaja hecha noche; la luna apenas si puede con su linterna sobre la bruma. Es la hora en que los sueños salen a caminar por los muelles... Él respira y construye el espejo de nuestras miserias y nuestras grandezas, aquellas que dejamos de lado cuando debemos enfrentar su furia; así y todo, nos ha sido dada la forma adecuada para saludarlo como un fruto de la memoria..." Fragmento de papel hallado en una botella, luego de la tempestad. Sergio Pravaz
El nacimiento de Cifar
Hay una isla en el playón,
pequeña
como la mano de un dios indígena.
Ofrece frutas rojas
a los pájaros
y al náufrago
la dulce sombra de un árbol.
Allí nació Cifar, el navegante,
cuando a su madre
se le llegó su fecha, solitaria
remando a Zapatera.
Metió el bote en el remanso
mientras giraban en las aguas
tiburones y sábalos
atraídos por la sangre.
Pablo Antonio Cuadra
playa
los poemas marinos acelerarán la llegada del verano
jueves, 24 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
después - julia de burgos
Después
Cuando todo despierte, lo anunciarán los lirios,
que no supieron nunca vestirse sin mis albas;
lo arroparán, muriéndose, unas nubes ligeras,
y el mar me tendrá toda por siempre entre sus lágrimas.
La soledad del viento llenará los silencios...
Y vendrá la pregunta, la inevitable lanza
que hará sangrar lo único que existira de mí:
un recuerdo en la inmensa vibración de unas alas.
Y habrá quien se adelante a la espiga y la fuente
y enlutará mi nombre, y dirá unas palabras:
y hasta habrá quien me tire unas flores al mar,
como breve limosna a una vida que pasa.
Después, cuando se encrespe el mar violentamente,
dirán: “Es la conciencia fatal de esa muchacha,
tuvo muchos pecados por vivir siempre en verso,
y lo que se hace en tierra en la tierra se paga.”
Y yo, en un descuido de mis pobres hermanos,
me llevaré hasta el nombre de esta tierra sin alma;
que no quiero en mi manso retiro, recordarme
por el mundo del hombre, ¡paloma consternada!
miércoles, 16 de marzo de 2011
Carta de Françoise Sagan a Jean-Paul Sartre
Querido señor:
Le digo "querido señor" pensando en la interpretación infantil de esta palabra en el diccionario: "cualquier hombre". No voy a decirle "querido Jean-Paul Sartre", es demasiado periodístico, ni "querido Maestro" que es lo que usted detesta, ni "querido colega", que es abrumador. Hace muchos años que quería escribirle esta carta, casi treinta años en realidad, desde que comencé a leer su obra, y sobre todo desde hace diez o doce años, cuando a fuerza de ridiculizarla, la admiración se ha vuelto lo bastante rara como para que uno casi se felicite del ridículo. Quizá yo misma haya envejecido lo bastante o rejuvenecido lo bastante como para burlarme hoy de ese ridículo del cual usted, siempre magnífico, jamás se preocupó. Lo que me interesa es que reciba esta carta el 21 de junio, día fausto para Francia que vio nacer, con algunos lustros de intervalo a usted, a mí y más recientemente a Platini, tres excelentes personas llevadas en andas o pateadas salvajemente - en su caso y en el mío gracias a Dios sólo en sentido figurado - por excesos de honores o indignidades que ellas no se explican. Pero los veranos son cortos, agitados y se marchitan. He terminado por renunciar a esta oda de aniversario y sin embargo tenía que decirle lo que voy a decirle y que justifica este título sentimental.
En 1950 empecé a leer de todo y, a partir de entonces sólo Dios o la literatura saben cómo he amado o admirado a una cantidad de escritores, especialmente los contemporáneos, de Francia y otros países. Más tarde conocí a algunos, seguí también la carrera de otros y aunque aún quedan muchos a quienes admiro como escritores, usted es el único que continúo admirando como hombre. Todo lo que prometió cuando tenía quince años, edad inteligente y severa, edad sin ambiciones precisas y por lo tanto sin concesiones, todas esas promesas usted las mantuvo. Escribió los libros más inteligentes y más honestos de su generación, hasta llegó a escribir el libro más rebosante de talento de la literatura francesa: Las palabras. Al mismo tiempo siempre se ha lanzado de cabeza en ayuda de los débiles y humillados, ha creído en la gente, en las causas, en generalidades, se ha equivocado a veces, eso, como todo el mundo, pero (y en esto contrariamente a todo el mundo) siempre lo ha reconocido. Ha rechazado obstinadamente todos los laureles morales y todas las retribuciones materiales de su gloria; ha rechazado el pretendidamente honorable premio Nobel cuando sin embargo carecía de lo necesario, tres veces le pusieron bombas en ocasión de la guerra de Argelia, arrojándolo a la calle sin pestañear siquiera; ha impuesto a los directores de teatro mujeres que le gustaban para papeles que necesariamente no se adecuaban a ellas, demostrando así pomposamente que, para usted, el amor al contrario podía ser "el brillante duelo de la gloria". En resumen, usted ha amado, escrito, compartido, dado todo lo que tenía para dar y que era lo importante, al mismo tiempo que ha rechazado todo lo que se le ofrecía y que era la importancia.
Ha sido hombre al mismo tiempo que escritor, nunca pretendió que el talento del segundo justificaba las debilidades del primero, ni que la felicidad de crear autorizaba por sí sola a despreciar o a ignorar a sus allegados, ni a los demás , todos los demás. Ni siquiera sostuvo que equivocarse con talento y buena fe legitimaba el error. En realidad no se ha refugiado tras esa famosa fragilidad del escritor, esa arma de doble filo que es su talento, jamás actuó de Narciso, que sin embargo es uno de los tres papeles reservados a los escritores de nuestra época junto con el de petimetre y gran criado. Por el contrario, esa arma supuestamente de doble filo, lejos de atravesarlo con delicias y clamor como a muchos, usted quiso que en su mano fuera liviana, eficaz, ágil; usted la utilizó y la puso a disposición de las víctimas , de las verdaderas, las que no saben escribir, ni explicarse, ni luchar, ni siquiera quejarse. Y sin clamar después por justicia porque no quería juzgar, sin hablar de honor porque no quería recibir honores, sin invocar tampoco la generosidad porque ignoraba que usted era la generosidad misma, ha sido el único hombre justo, honrado y generoso de nuestra época, trabajando sin descanso, dando todo a los demás, viviendo sin lujos, pero también sin austeridad, sin tabúes y sin farras, salvo la de la escritura, haciendo el amor y dándolo, seduciendo, pero abiertamente dispuesto a ser seducido, dejando atrás a sus amigos, excediéndolos en velocidad e inteligencia y brillo, pero volviéndose sin cesar hacia ellos para ocultárselo. A menudo prefirió ser utilizado, ser engañado, a ser indiferente; y también a menudo fue decepcionado sin esperanzas.
¡Qué vida ejemplar para un hombre que nunca quiso ser un ejemplo! Y ahora está privado de la vista, sin poder leer según dicen, y debe sentirse seguramente lo más desdichado que imaginar pueda. Quizás entonces le alegre saber que en todos lados donde estuve durante estos veinte años, en el Japón, en Estados Unidos, en Noruega, en la provincia o en París, he visto a hombres y mujeres de todas las edades hablar de usted con esa admiración, esa confianza y hasta con esa misma gratitud que la que confieso aquí.
Este siglo se ha revelado loco, inhumano y podrido. Usted ha sido inteligente, tierno e incorruptible y sigue siéndolo.
Francoise Sagan, Laying in Bed Listening to Music
Le digo "querido señor" pensando en la interpretación infantil de esta palabra en el diccionario: "cualquier hombre". No voy a decirle "querido Jean-Paul Sartre", es demasiado periodístico, ni "querido Maestro" que es lo que usted detesta, ni "querido colega", que es abrumador. Hace muchos años que quería escribirle esta carta, casi treinta años en realidad, desde que comencé a leer su obra, y sobre todo desde hace diez o doce años, cuando a fuerza de ridiculizarla, la admiración se ha vuelto lo bastante rara como para que uno casi se felicite del ridículo. Quizá yo misma haya envejecido lo bastante o rejuvenecido lo bastante como para burlarme hoy de ese ridículo del cual usted, siempre magnífico, jamás se preocupó. Lo que me interesa es que reciba esta carta el 21 de junio, día fausto para Francia que vio nacer, con algunos lustros de intervalo a usted, a mí y más recientemente a Platini, tres excelentes personas llevadas en andas o pateadas salvajemente - en su caso y en el mío gracias a Dios sólo en sentido figurado - por excesos de honores o indignidades que ellas no se explican. Pero los veranos son cortos, agitados y se marchitan. He terminado por renunciar a esta oda de aniversario y sin embargo tenía que decirle lo que voy a decirle y que justifica este título sentimental.
En 1950 empecé a leer de todo y, a partir de entonces sólo Dios o la literatura saben cómo he amado o admirado a una cantidad de escritores, especialmente los contemporáneos, de Francia y otros países. Más tarde conocí a algunos, seguí también la carrera de otros y aunque aún quedan muchos a quienes admiro como escritores, usted es el único que continúo admirando como hombre. Todo lo que prometió cuando tenía quince años, edad inteligente y severa, edad sin ambiciones precisas y por lo tanto sin concesiones, todas esas promesas usted las mantuvo. Escribió los libros más inteligentes y más honestos de su generación, hasta llegó a escribir el libro más rebosante de talento de la literatura francesa: Las palabras. Al mismo tiempo siempre se ha lanzado de cabeza en ayuda de los débiles y humillados, ha creído en la gente, en las causas, en generalidades, se ha equivocado a veces, eso, como todo el mundo, pero (y en esto contrariamente a todo el mundo) siempre lo ha reconocido. Ha rechazado obstinadamente todos los laureles morales y todas las retribuciones materiales de su gloria; ha rechazado el pretendidamente honorable premio Nobel cuando sin embargo carecía de lo necesario, tres veces le pusieron bombas en ocasión de la guerra de Argelia, arrojándolo a la calle sin pestañear siquiera; ha impuesto a los directores de teatro mujeres que le gustaban para papeles que necesariamente no se adecuaban a ellas, demostrando así pomposamente que, para usted, el amor al contrario podía ser "el brillante duelo de la gloria". En resumen, usted ha amado, escrito, compartido, dado todo lo que tenía para dar y que era lo importante, al mismo tiempo que ha rechazado todo lo que se le ofrecía y que era la importancia.
Ha sido hombre al mismo tiempo que escritor, nunca pretendió que el talento del segundo justificaba las debilidades del primero, ni que la felicidad de crear autorizaba por sí sola a despreciar o a ignorar a sus allegados, ni a los demás , todos los demás. Ni siquiera sostuvo que equivocarse con talento y buena fe legitimaba el error. En realidad no se ha refugiado tras esa famosa fragilidad del escritor, esa arma de doble filo que es su talento, jamás actuó de Narciso, que sin embargo es uno de los tres papeles reservados a los escritores de nuestra época junto con el de petimetre y gran criado. Por el contrario, esa arma supuestamente de doble filo, lejos de atravesarlo con delicias y clamor como a muchos, usted quiso que en su mano fuera liviana, eficaz, ágil; usted la utilizó y la puso a disposición de las víctimas , de las verdaderas, las que no saben escribir, ni explicarse, ni luchar, ni siquiera quejarse. Y sin clamar después por justicia porque no quería juzgar, sin hablar de honor porque no quería recibir honores, sin invocar tampoco la generosidad porque ignoraba que usted era la generosidad misma, ha sido el único hombre justo, honrado y generoso de nuestra época, trabajando sin descanso, dando todo a los demás, viviendo sin lujos, pero también sin austeridad, sin tabúes y sin farras, salvo la de la escritura, haciendo el amor y dándolo, seduciendo, pero abiertamente dispuesto a ser seducido, dejando atrás a sus amigos, excediéndolos en velocidad e inteligencia y brillo, pero volviéndose sin cesar hacia ellos para ocultárselo. A menudo prefirió ser utilizado, ser engañado, a ser indiferente; y también a menudo fue decepcionado sin esperanzas.
¡Qué vida ejemplar para un hombre que nunca quiso ser un ejemplo! Y ahora está privado de la vista, sin poder leer según dicen, y debe sentirse seguramente lo más desdichado que imaginar pueda. Quizás entonces le alegre saber que en todos lados donde estuve durante estos veinte años, en el Japón, en Estados Unidos, en Noruega, en la provincia o en París, he visto a hombres y mujeres de todas las edades hablar de usted con esa admiración, esa confianza y hasta con esa misma gratitud que la que confieso aquí.
Este siglo se ha revelado loco, inhumano y podrido. Usted ha sido inteligente, tierno e incorruptible y sigue siéndolo.
Francoise Sagan, Laying in Bed Listening to Music
domingo, 13 de marzo de 2011
moscú, 13 de febrero de 1923 ( Antonio Gramsci , cartas a Yulca )
Moscú, 13 de febrero de 1923
Querida compañera:
He esperado a pie firme al terrible Dedoff. He tenido la fortuna de no verlo. El domingo pasado estuve en Sieriebriani bor. La compañera Genia estaba un poco nerviosa y deprimida, pero creo que en general está mejor: ha.. aprendido a andar y a mantenerse en equilibrio. Creo que este es el período más crítico de su convalescencia, cuando los deseos y las veleidades, que brotan del bullir de las fuerzas nacientes, tiran con urgencia y arrastran más allá de las posibilidades existentes.
¿Cuándo volverá usted a Moscú? Escríbame, mientras tanto, sobre su trabajo y sobre sus nuevas experiencias, que me interesan muchísimo. Sigo esperando y apenas si puedo trabajar de forma irregular. ¿Y la traducción?
¿Por qué no me la ha entregado? He sabido que la llevaba consigo. Sobre el partido italiano socialista sólo existe una colección de documentos del III Congreso de la que tengo dos ejemplares y que puede serle útil.
Saludos afectuosos
Gramsci
Querida compañera:
He esperado a pie firme al terrible Dedoff. He tenido la fortuna de no verlo. El domingo pasado estuve en Sieriebriani bor. La compañera Genia estaba un poco nerviosa y deprimida, pero creo que en general está mejor: ha.. aprendido a andar y a mantenerse en equilibrio. Creo que este es el período más crítico de su convalescencia, cuando los deseos y las veleidades, que brotan del bullir de las fuerzas nacientes, tiran con urgencia y arrastran más allá de las posibilidades existentes.
¿Cuándo volverá usted a Moscú? Escríbame, mientras tanto, sobre su trabajo y sobre sus nuevas experiencias, que me interesan muchísimo. Sigo esperando y apenas si puedo trabajar de forma irregular. ¿Y la traducción?
¿Por qué no me la ha entregado? He sabido que la llevaba consigo. Sobre el partido italiano socialista sólo existe una colección de documentos del III Congreso de la que tengo dos ejemplares y que puede serle útil.
Saludos afectuosos
Gramsci
miércoles, 9 de marzo de 2011
cartas poéticas e íntimas ( 1859-1886) de emily dickinson
15 de abril de 1862
Señor Higginston
Está usted muy ocupado para decirme si mi verso está vivo? La mente está tan cerca de sí misma -que no ve claramente- y no tengo a nadie a quien preguntar.
Si usted pensara que respira -y si tuviera tiempo de decírmelo, le quedaría muy agradecida-
Si cometo un error -que usted se atreviera a decirme- me sentiría muy honrada hacia usted.
Le adjunto mi nombre -pidiéndole, por favor- Señor, que me diga la verdad.
No es necesario pedirle -que no me traicione- pues el Honor es su propia prenda.
( Primera carta a Higginson . En lugar de firma Emily Dickinson adjunta una tarjeta con su nombre en un sobre aparte. En la carta incluía también cuatro poemas )
Señor Higginston
Está usted muy ocupado para decirme si mi verso está vivo? La mente está tan cerca de sí misma -que no ve claramente- y no tengo a nadie a quien preguntar.
Si usted pensara que respira -y si tuviera tiempo de decírmelo, le quedaría muy agradecida-
Si cometo un error -que usted se atreviera a decirme- me sentiría muy honrada hacia usted.
Le adjunto mi nombre -pidiéndole, por favor- Señor, que me diga la verdad.
No es necesario pedirle -que no me traicione- pues el Honor es su propia prenda.
( Primera carta a Higginson . En lugar de firma Emily Dickinson adjunta una tarjeta con su nombre en un sobre aparte. En la carta incluía también cuatro poemas )
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