El nacimiento de Cifar







Hay una isla en el playón,

pequeña

como la mano de un dios indígena.


Ofrece frutas rojas

a los pájaros

y al náufrago

la dulce sombra de un árbol.


Allí nació Cifar, el navegante,

cuando a su madre

se le llegó su fecha, solitaria

remando a Zapatera.


Metió el bote en el remanso

mientras giraban en las aguas

tiburones y sábalos

atraídos por la sangre.



Pablo Antonio Cuadra







playa

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los poemas marinos acelerarán la llegada del verano

sábado, 26 de febrero de 2011

son de negros en cuba


Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago,
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüefla,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con la rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago,
calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de calaveras!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.

martes, 8 de febrero de 2011

ema, la cautiva




... La montaña terminaba, se abría sobre el vacío,a una entrada superior a las entradas del norte. No había parapeto. Pero sentados en el suelo, a dos metros del borde, podían ver un paisaje con el que ninguno de ellos había soñado nunca.

Nada interrumpia la visión. Una playa inmensa y desierta, blanca de nieve, y a lo lejos el mar, la famosa bahía, que ahora más que nunca merecía su nombre de "Blanca". Todo era blanco, el cielo y la tierra. La nieve caía sobre las olas, de las que no percibían más que la agitación. Ni un solo pájaro cruzaba el espacio. La nubes formaban una película pulida.

Suspiraron, sin hallar nada que decir. El blanco les había reducido las pupilas al mínimo. Encendieron cigarrillos y se quedaron allí hasta el anochecer, entre sueño y vigilia. Cuando empezó a apretar el frío volvieron al abrigo de los salones internos. Con todo el laberinto para ellos, se dispersaron.

- Mañana podremos bajar al mar -dijo Ema. ...

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