olas
" ... cayó la mortaja hecha noche; la luna apenas si puede con su linterna sobre la bruma. Es la hora en que los sueños salen a caminar por los muelles... Él respira y construye el espejo de nuestras miserias y nuestras grandezas, aquellas que dejamos de lado cuando debemos enfrentar su furia; así y todo, nos ha sido dada la forma adecuada para saludarlo como un fruto de la memoria..." Fragmento de papel hallado en una botella, luego de la tempestad. Sergio Pravaz
El nacimiento de Cifar
Hay una isla en el playón,
pequeña
como la mano de un dios indígena.
Ofrece frutas rojas
a los pájaros
y al náufrago
la dulce sombra de un árbol.
Allí nació Cifar, el navegante,
cuando a su madre
se le llegó su fecha, solitaria
remando a Zapatera.
Metió el bote en el remanso
mientras giraban en las aguas
tiburones y sábalos
atraídos por la sangre.
Pablo Antonio Cuadra
playa
los poemas marinos acelerarán la llegada del verano
martes, 26 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
el amor libre, eros y anarquía AA VV
El amor libre. Eros y anarquía AA VV
Durante mucho tiempo, amor libre fue sinónimo de unión libre: una relación no sujeta a leyes civiles ni religiosas. En épocas en las que el matrimonio era indisoluble y el divorcio un horizonte polémico, la libertad de dos personas de unirse prescindiendo de la ley y de separarse «cuando el amor llegue a su fin» era motivo de escándalo pero no contenía necesariamente la posterior idea de liberación sexual. Además, por lo general, era una definición de vínculo entre un hombre y una mujer, no entre dos o más personas del mismo sexo. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la pareja hombre-mujer unidos «de por vida», la experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan siempre sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social establecido. Se titula El amor libre esta heterogénea –y mayormente heterosexual– selección de textos como homenaje a un título ya clásico de libros y artículos anarquistas y a un ideal que también pertenece a la tradición romántica y modernista.
Los textos son de: René Chaughi, Mijail Bakunin, Luigi Fabbri, Errico Malatesta, Evelio Boal, Paul Robin, Colectivo Crimethinc, Emma Goldman, Pepita Guerra, María Lacerda de Moura, Roberto de las Carreras, E. Armand, Grupo Atlantis, Giovanni Rossi Cardias, Los Diggers, América Scarfó. El compilador es Osvaldo Baigorria, escritor y periodista argentino. Editorial Txalaparta.
jueves, 9 de junio de 2011
bajo el volcan
Bajo el volcán
Film John Huston
Novela Malcolm Lowry
Cuernavaca es una provincia cotidiana para el paseante de la Ciudad de México, pero aparece para el espectador extranjero, en particular para la cinematografía de Estados Unidos, como un entorno de aventura. El 1 de noviembre de 1984, las calles de esa localidad, población situada no demasiado lejos del volcán Popocatépetl, se encuentran llenas de vida y color. Pero el espacio en el que reina mayor vitalidad son los panteones, pues al día siguiente se celebra el Día de Muertos, uno de las festejos más sentidos por los habitantes de todo el país. La película Bajo el volcán del director John Huston, montó sus escenarios allí. La cámara sigue a un hombre de mediana edad que contrasta con la multitud de mexicanos que festejan “Todos santos”. Lleva un traje negro formal, y sus ojos se ocultan tras unas gafas oscuras. Es un caballero respetable, pero su postura recta y erguida no basta para ocultar un paso levemente tambaleante. Estos gestos, simples pero extraños, sólo pueden significar lo siguiente: el ex cónsul británico Geoffrey Firmin (Albert Finney) es alcohólico. Durante las 24 horas siguientes se emborrachará sin parar, de hecho, beberá hasta su muerte.
Gabriel Figueroa había fotografiado para John Huston La noche de la iguana, adaptación de Tennessee Williams también rodada en México, y volvió a trabajar con el realizador en esta traslación de la (se decía) infilmable novela de Lowry. La crisis existencial de un diplomático británico en México, que deriva en el alcoholismo y la búsqueda de la muerte, interpretado con talento por Albert Finney. Pero es precisamente Figueroa quien ayuda a la creación de una atmósfera; construyendo un tono, que en cine es tarea difícil de lograr.
Huston decidió trasladarse a México (país que apreciaba desde hace muchos años). Aquí había descubierto o reafirmado muchas cosas que le fascinaban y marcaron para parte de su obra; ciertas formas del folklore nacional: las peleas de gallos, el mezcal, el tequila. Huston nuevamente instalaba sus sets en México para rodar una cinta donde el atormentado personaje principal buscaba la redención y la esperanza de su propio ser, al encontrarse con su ex esposa (a quien había dejado desde hace un año) después de que ésta había tenido una aventura con su hermanastro Hugh. En el transcurso de los desesperados excesos de la noche, Geoffrey visita un altar de la Virgen María. Yvonne, su mujer está dispuesta a darle otra oportunidad. Aunque su ebriedad y sus celos le han resultado insoportables, ama a Geoffrey, todavía, y no a Hugh. La pareja reconciliada acaba en la cama; pero Geoffrey se muestra impotente, incapaz de perdonarle a ella su infidelidad. Ansiaba el regreso de su mujer pero ahora no puede tolerar su presencia.
Hugh que luchó en la Guerra Civil Española en el bando republicano, ha estado buscando a Geoffrey desde la marcha de Yvonne. Los tres juntos toman el autobús a Tomalin para asistir a la festividad mexicana. Por el camino, se encuentran con un indígena moribundo a orillas de la carretera. Sin previo aviso, un grupo uniformado los obliga a volver a subir al camión; son miembros del ejército. Los tres observan indignados cómo uno de los pasajeros limpia con un pañuelo la sangre de las monedas que le ha robado al moribundo.
Más tarde, asisten a una corrida de toros. En la plaza reina un ambiente alegre y bullicioso, y Geoffrey e Yvonne se acercan mutuamente de nuevo. Parece que aún les queda un futuro por delante como pareja, y Geoffrey empieza a hacer planes: una casita en el mar, en algún lugar de Canadá, aunque Geoffrey sabe de antemano que son esperanzas vanas. En una violenta discusión impregnada de odio, abre el corazón a su verdad. Con las palabras “he escogido el infierno, el infierno es mi hábitat natural”, vuelve a huir de Yvonne y acaba en el peor antro del lugar, una taberna llamada “El farolito”.
Cuando Yvonne y Hugh lo alcanzan, lo encuentran con una prostituta. Poco después un grupo de hombres empieza a hacerle preguntas en la cantina. Afuera, Geoffrey ve un caballo; recuerda que pertenecía al indígena muerto y comprende que los hombres que lo interrogan agresivamente son sus asesinos. Cuando los increpa a gritos y en la cara, firma su sentencia de muerte. Lo asesinan. Espantado por los disparos, el caballo se desata, arrolla a Yvonne y la mata. En los últimos fotogramas de la película vemos el majestuoso volcán cubierto de nubes, antes de que la cámara descienda y recorra la barranca, una de las grietas profundas que plagan las llanuras de los cercanías del Popocatépetl; allí yace el cadáver de Geoffrey, como si hubiera quedado atrapado en las entrañas del infierno.
La novela de Malcolm Lowry, publicada en 1947, despliega una compleja red de alusiones simbólicas (la barranca, el volcán, el Farolito, el caballo, Día de Muertos, la imposibilidad de la salvación espiritual). La adaptación de John Huston logra extraer los elementos narrativos esenciales del libro y expresarlos con un lenguaje audio-visual intenso y sensitivo. La cámara subjetiva de Gabriel Figueroa le ofrece al espectador primeros planos que construyen la experiencia del protagonista, el tono logrado por la fotografía es la de una juerga y una cruda moral a la vez, si esto es posible. Y la lograda interpretación de Albert Finney dota a la película de una tensión dinámica que va mucho más allá del simple interés argumental. Es sobre todo gracias a su presencia física, vocal y gesticular que la película combina de forma tan convincente en la figura del bebedor solitario, su catástrofe política y su tragedia personal. Aquí, el cine narrativo y puro de John Huston ofrece mucho más que un examen conmovedor de la vida de un alcohólico. La fuerza expresiva de la película le revela al público un mundo en que la locura aparente es un vehículo para el credo de un gran moralista y escéptico, como lo fue Lowry.
Leyendo la imagen, la fotografía de Gabriel Figueroa (en este su último trabajo) llega hasta el fondo del espíritu corroído de un borracho y arroja luz sobre el devenir de un alma en pena (el propio Lowry) y los empeños de su personaje en la tumultuosa situación social de México y el mundo en 1938. En Bajo el volcán, Figueroa demostrará que también era virtuoso en el uso del color, su estrategia cromática hará sentir que la luz y el color que son vida, a veces también hieren.
Huston en Cuernavaca ocupó la misma casa en que el escritor Malcolm Lowry vivió. Allí, el director de cine tuvo una de las locaciones de Bajo el volcán. En un camino aledaño, franqueado por una barranca verde, Albert Finney iba y venía memorizando sus parlamentos; en otro lugar de la estancia, al aire libre por el calor sofocante, protegida por una sombrilla y vestida informalmente, estaba Jacqueline Bisset conversando con Emilio Fernández.
Emilio "el Indio" Fernández es punto y aparte para dar luz de la presencia de John Huston en México. Ellos se conocieron en 1925, cuando Huston visitó México por primera vez, y a donde acabó volviendo siempre. Incluso se decía, sin prueba alguna, que Huston había pertenecido por un tiempo a las tropas revolucionarias de Pancho Villa; o que con “el Indio” se había alistado, sin ninguna veracidad, en el cuerpo de la caballería mexicana, y que fueron desmovilizados en 1927. Así, “el Indio” lo introdujo en las corridas de toros, el arte precolombino, las apuestas más descabelladas, la atracción por practicar una variante local del juego de la "ruleta rusa" (arrojar una pistola cargada al aire); además de compartir el gusto mutuo por los caballos, las mujeres, y la cultura mexicana. Lo que sí es cierto es que estos dos realizadores-actores mantuvieron una larga amistad.
La periodista Lillian Ross, redactora del New Yorker, menciona en su libro “Rodando con Huston”, lo siguiente: “se puede apreciar que John Huston cuidó todos los detalles, en especial la ambientación y la dirección escénica, la composición visual, para sumergir de cierta manera al espectador en una gran intimidad que más que de conductas es de sentimientos. A pesar de su delicadeza, la obra no se aleja en lo más mínimo del historial de Huston, un director siempre obsesionado por lo que son los humanos en lo más profundo de su ser, de su esencia misma”. Huston conoció a Lowry en Cuernavaca antes que terminara la novela que reescribió varias veces. Lowry demoró más de diez años en terminarla, e hizo unas tres o cuatro versiones, hasta llegar a la definitiva. Lograr un guión de esta obra no era fácil, y se habían hecho otros intentos reconociendo la fuerza narrativa del libro; de hecho, Huston recibió cerca de cincuenta guiones antes de aceptar el de Guy Gallo. Huston y Gallo lo trabajaron juntos, durante meses, en Las Caletas, Puerto Vallarta, donde estableció su tercera y última residencia. Para Huston realizar este filme significaba concretar una antigua intención desde que leyó la novela.
Su película número 35 no era de alto presupuesto. Huston decía que la hizo rodeado de amigos. El productor, Michael Fitzgerald, le resaltó a Huston el guión de Guy Gallo. A la viuda de Lowry, Margarie Bonner, le pagaron 350 mil dólares, el gobierno de México, por medio de CONACINE, aportó un millón y medio de dólares, y la Fox y la Universal completaron cuatro millones, que para Hollywood era una cifra modesta.
Fragmento de: Raúl Miranda, El cine de John Huston descifra las claves del territorio mexicano.
martes, 31 de mayo de 2011
viernes, 13 de mayo de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
trágica gaviota patagónica ( d Hector Peña)
Fermín sabía que la gaviota gris volvería esa tarde. O tal vez no; tal vez a ella también el tedio, la desesperanza, el abandono, la alejaran para siempre de aquel rincón perdido en la inmensidad patagónica. Pero el viejo sabía que era una tontería pensar eso, que las gaviotas como los caballos y los perros y los pumas y las ovejas no tenían esos problemas, esas angustias, esos abrojos del monte que se prenden porque sí en el alma de los humanos, asi fuesen ricos o pobres, blancos o negros, "léidos" o rústicos peones de campo...
Fermín era el puestero de la estancia "Los ñires" desde hacía seis años. Poco a poco había ido modificando aquella rústica construcción que le servía de vivienda: dos habitaciones hechas con un poco de madera de lenga, un poco de chapa, un poco de cartón y mucha soledad que parecía colarse por los requicios de algún mal ensamble, y también filtrarse por entre los viejos tablones del piso elevado cuando el casi infaltable viento del oeste barría con su saña habitual la Patagonia meridional. A pocos pasos estaba el ranchito que servía para guardar los fardos de pasto, herramientas, aperos y un poco de leña seca. Más allá, como escondido entre un matorral alto de calafates, el servicio de chapas oxidadas. Ese era su ámbito, a una legua y media de la estancia...
El caballo tenía solamente colocado el bozal, del cual pendía el cabestro. Ambos, obra de las manos hábiles del viejo Cachimba. Llevó al animal unos metros más lejos del rancho y ató el cabestro al extremo de un largo lazo; el otro extremo estaba fuertemente atado al tronco de una lenga. Ahí siempre ataba al guardiero. Tenía otro caballo, un azulejo ya veterano, al que por esa razón usaba muy de cuando en cuando. Era tan manso que lo dejaba pastar suelto; no se alejaba más de media legua del puesto.
Volvió y preparó finalmente el mate...
Entrecerrando los ojos grises empequeñecidos por esos párpados viejos que ya habían sostenido muchísimas madrugadas, recordó los tiempos pasados. Aquella sucesión de hechos, circunstancias, dolores y alegrías que configuraban su vida, solían llegara su memoria como una agridulce resaca que mecía, entre brumas de olvidos y nostalgia, el mar de los recuerdos. El viejo Cachimba creía ciertamente en el destino. Pero no en esa suerte de determinismo personal y excluyente, tal destino para fulano y tal destino para mengano. No, el destino era la vida, igual para todos. Era el tiempo, el suceder ineluctable de las noches y los días, de nevazones y de vientos, de vida y de muerte.
Siguó raspando suavemente el palito de calafate...
viernes, 22 de abril de 2011
Casablanca
TCM - El cine que ya tenías que haber visto > Galerías > Casablanca
Título original
Casablanca
USA - 1942 - 99 min.
Director: Michael Curtiz
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Claude Rains, Paul Henreid, Sydney Greenstreet
Sinopsis
"Casablanca" pertenece a esa selecta nómina de películas que, por inmortales y duraderas, continúan acaparando espectadores generación tras generación. Formó en nuestra imaginación el arquetipo de perdedor, Humphrey Bogart, con un pasado intenso y lleno de pliegues. Y con él, el de la mujer triste, abocada a un futuro que no controla, atrapada en un amor a todas luces imposible… Más de uno se pregunta cómo fue posible que una película tan salpicada de incidencias en su rodaje no sólo llegara a terminarse sino, además, a convertirse en el gran icono cinematográfico del siglo XX.
Título original
Casablanca
USA - 1942 - 99 min.
Director: Michael Curtiz
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Claude Rains, Paul Henreid, Sydney Greenstreet
Sinopsis
"Casablanca" pertenece a esa selecta nómina de películas que, por inmortales y duraderas, continúan acaparando espectadores generación tras generación. Formó en nuestra imaginación el arquetipo de perdedor, Humphrey Bogart, con un pasado intenso y lleno de pliegues. Y con él, el de la mujer triste, abocada a un futuro que no controla, atrapada en un amor a todas luces imposible… Más de uno se pregunta cómo fue posible que una película tan salpicada de incidencias en su rodaje no sólo llegara a terminarse sino, además, a convertirse en el gran icono cinematográfico del siglo XX.
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